y soñó que comprendía perfectamente lo que se siente dejar
atrás todo luego de que te señalan indeseable,
seria como perdonar a los demás, a todos…
Menos a sí mismo,
porque él también estaba enfermo
así la carne no se le cayera a pedazos a
simple vista.
Sintió todo lo que tenía que sentir un leproso que sana leprosos
un tullido que endereza tullidos,
un ciego
que hace ver a los ciegos
uno
que camino a su muerte resucita a los muertos.
Sintió cómo odiaba
a los enfermos que había curado,
cómo librarlos
de su pena acarreaba más pena para él,
recordó como su corazón
era devorado,
él era el undécimo leproso y el décimo en no
tener fe.
Nadie regresaría esta vez a Samaria ni de vuelta al camino.
S.C.
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