lunes, 30 de marzo de 2020

CONTINCINIOS


CONTINCINIO I
Antes del alba

Lenta y larga es la calle por la que se arrastra el tiempo enfermo,
en las noches el silencio le apuntala a mansalva en la espalda su manto negro
que de vez en cuando es hilvanado por un motor sin exosto.

Antes de que amanezca estirare la pierna para mecerme dos veces más en el chinchorro,
                                como un péndulo,
                                                         esperando sentir en mi sueño el vaivén de su cuerpo.


CONTINCINIO II
Después del alba

Deben haber pasado días o casi semanas.
Esta mañana hasta el cielo te lloro,
                                                        lo que quiere decir que todo el día va a hacer calor.
A lo lejos,
                por mi única ventana,
                                                  columbra tu silueta en mis ojos,
 pedaleando entre ángelus y avemarías.

“No desaparecemos del todo en el momento de la muerte.
Solo morimos en la medida en que somos olvidados”
A. Iriarte

martes, 20 de noviembre de 2018

20 VECES


No voy a dedicar más canciones ajenas, que ese próximo y concluyente pedazo de amor que me toca sea merecedor de esta canción,
                                                  de este poema,
de dibujar su cuerpo en sanguina con los trazos que me quedan de recuerdos tenues,
de reflejos en la ventana sucia tras la cortina azul,
de ilusiones solazadas por la luz que traspasa la tulipa de la lámpara y que van detonando en mi cabeza cada vez que siento lo que me dejo de su perfume dulce o cada vez que veo sus cabellos por mis letras y sobre los adoquines de la jaula.

Que su cuerpo sea un retruécano y sus labios no digan las palabras correctas para que yo pueda corregirla y pedirle 20 veces que me cante esta,
                                                                             su canción,
 al oído de las madrugadas en que escapa de mis sueños tras el conejo blanco.

sábado, 15 de abril de 2017

YAAXCHÉ


mayananswer.over-blog.com/article-yax-che-la-ceiba-sagrada-ceiba-pentandra-44064618.htmlyenda
Los mayas hablaban en sus mitos olvidados de una ceiba que conecta al cielo con la tierra.
Cuando las ceibas dispersan sus semillas la troposfera se colma de nubes de algodón
y los transeúntes comenzamos a flotar lentamente sobre la brisa varias cuadras a la redonda del parque,
invadiendo todos los espacios,
                                 todos los rincones
hasta que la lluvia llegue a empapar nuestras alas
         y entonces es invierno. 

S.C.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

domingo, 24 de julio de 2016

LOS ONCE LEPROSOS


 La segunda noche soñó que curaba  a los leprosos
y soñó que comprendía perfectamente lo que se siente dejar atrás todo luego de que te señalan indeseable,
        seria como perdonar a los demás, a todos…
                                                                              Menos a sí mismo,
       porque él también estaba enfermo
                                                                               así la carne no se le cayera a pedazos a simple vista.

Sintió todo lo que  tenía que sentir un leproso que sana leprosos
                                                        un tullido que endereza tullidos,
         un ciego que hace ver a los ciegos
         uno que camino a su muerte resucita a los muertos.

 Sintió cómo odiaba a los enfermos que había curado,
           cómo librarlos de su pena acarreaba más pena para él,
           recordó como su corazón era devorado,
                                                             él era el undécimo leproso y el décimo en no tener fe.

Nadie regresaría esta vez a Samaria ni de vuelta al camino.

S.C.

viernes, 1 de enero de 2016

EL PRIMERO EN DAR LOS BUENOS DIAS


Al igual que todos los días el siguiente año despertó con las mismas ganas de barrer el andén hasta la esquina, es necesario dejar en claro que no solo se trataba del andén de su casa y que él siempre lo hacía.

 El desequilibrio ambiental y su fenómeno del niño disentían sobre la caída de las hojas de verano y lo hacían esperar pacientemente a la otoñal figura de la primera lagrima amarilla sobre el andén. Su vida parecía no tener otro sentido, buscar el fresco en las noches calurosas sentado en calzoncillos frente a su casa y esperar a que las hojas caigan.

 Quizás cuando él sea también una hoja yo lo suceda y lo apile y lo recoja en este infinito y hermoso yermo que llaman vida. Un cargo honorable ese de ser el primer alma que da los buenos días cual almuédano mudo que rasca los recuerdos de las losas de cemento. El suelo está limpio hasta que el sonido del viento pase y nos arrastre de nuevo.

 Sergio C.

CONTINCINIOS

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