martes, 20 de noviembre de 2018

20 VECES


No voy a dedicar más canciones ajenas, que ese próximo y concluyente pedazo de amor que me toca sea merecedor de esta canción,
                                                  de este poema,
de dibujar su cuerpo en sanguina con los trazos que me quedan de recuerdos tenues,
de reflejos en la ventana sucia tras la cortina azul,
de ilusiones solazadas por la luz que traspasa la tulipa de la lámpara y que van detonando en mi cabeza cada vez que siento lo que me dejo de su perfume dulce o cada vez que veo sus cabellos por mis letras y sobre los adoquines de la jaula.

Que su cuerpo sea un retruécano y sus labios no digan las palabras correctas para que yo pueda corregirla y pedirle 20 veces que me cante esta,
                                                                             su canción,
 al oído de las madrugadas en que escapa de mis sueños tras el conejo blanco.

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