viernes, 1 de enero de 2016
EL PRIMERO EN DAR LOS BUENOS DIAS
Al igual que todos los días el siguiente año despertó con las mismas ganas de barrer el andén hasta la esquina, es necesario dejar en claro que no solo se trataba del andén de su casa y que él siempre lo hacía.
El desequilibrio ambiental y su fenómeno del niño disentían sobre la caída de las hojas de verano y lo hacían esperar pacientemente a la otoñal figura de la primera lagrima amarilla sobre el andén. Su vida parecía no tener otro sentido, buscar el fresco en las noches calurosas sentado en calzoncillos frente a su casa y esperar a que las hojas caigan.
Quizás cuando él sea también una hoja yo lo suceda y lo apile y lo recoja en este infinito y hermoso yermo que llaman vida. Un cargo honorable ese de ser el primer alma que da los buenos días cual almuédano mudo que rasca los recuerdos de las losas de cemento. El suelo está limpio hasta que el sonido del viento pase y nos arrastre de nuevo.
Sergio C.
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